miércoles, 22 de septiembre de 2010

REFLEXION: “Pisadas en la Arena”


Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".
Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

martes, 21 de septiembre de 2010

EJERCICIOS PARA EL ALMA...

EJERCICIOS DE RELAJAMIENTO
Entrega al Padre Celestial todas tus cargas, preocupaciones y tristezas.
"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". (Mateo. 11:28,30)

EJERCICIOS DE RESPIRACIÓN
Respira una atmósfera de Paz, Amor y Felicidad
"Buscad la paz con todos, y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor". (Hebreos 12:14)

EJERCICIO OCULAR
Busca sólo hacer el bien a tus semejantes.
"El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo y apegaos a lo bueno". (Romanos 12:9)

EJERCICIOS AUDITIVOS
Escucha la voz de Dios
"Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen". (Juan 10:27)

EJERCICIOS PARA LA MENTE
Ejercita exclusivamente ideas constructivas
"Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta". (Filipenses 4:8)

EJERCICIOS PARA LA LENGUA
Pronuncia sólo palabras edificantes y amorosas
"Desechando la mentira, hablad la verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros". "No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea buena para la necesaria edificación, y para hacer el bien a los que os escuchen". (Efésios 4:25, 29)

EJERCICIOS FACIALES
Sonríe? sonríe? sonríe? sonríe siempre?
"¡Estad siempre alegres!" (I Tesalonicenses 5:16)

EJERCICIOS PARA LOS PIES

Anda siempre por los caminos que Dios te indique.
"No tengas miedo ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo donde quiera que vayas". (Josué: 1:9)

EJERCICIOS PARA LAS MANOS
Únelas diariamente para una oración especial.
"Os encargo que oréis en cualquier lugar alzando las manos, limpias de ira y divisiones". (I Timóteo 2:8)

EJERCICIOS PARA EL CORAZÓN
Irradia sentimientos de Amor.
"Queridos hermanos y hermanas: amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. ¡DIOS ES AMOR!". (I Juan 4:7,8 )

EJERCICIOS PARA EL ALMA
Mantén contacto con Dios... todos los días.
"Dios te ha declarado lo que es bueno, y lo que Él desea de ti. Solamente que seas justo, que ames la misericordia y que te portes humildemente con tu Dios". (Miquéas 6:8).


viernes, 17 de septiembre de 2010

CONFÍA EN DIOS…

Tú dices: "Es imposible"Buono Pastore
Dios te dice: "Todo es posible" (Lucas 18:27)
Tú dices: "Estoy muy cansado."
Dios te dice: “Yo te haré descansar” (Mateo 11:28-30)
Tú dices: "Nadie me ama en verdad."
Dios te dice: “Yo te amo” (Juan 3:16 y Juan 13:34)
Tú dices: "No puedo seguir."
Dios te dice: “Mi gracia es suficiente”. (II Corintios 12:9 y Salmo 91:15)
Tú dices: "No puedo resolver las cosas."
Dios te dice: “Yo dirijo tus pasos”. (Proverbios 3:5-6)
Tú dices: "Yo no lo puedo hacer."
Dios te dice: “Todo lo puedes hacer.” (Filipenses 4:13)
Tú dices: "Yo no soy capaz."
Dios te dice: “Yo soy capaz.” (II Corintios 9:8)
Tú dices: "No vale la pena."
Dios te dice: “Sí valdrá la pena.” (Romanos 8:28)
Tú dices: "No me puedo perdonar."
Dios dice: “Yo te perdono.” (I Juan 1:9 y Romanos 8:1)
Tú dices: "No lo puedo administrar."
Dios dice: “Yo supliré todo lo que necesitas.” (Filipenses 4:19)
Tú dices: "Tengo miedo."
Dios te dice: “No te he dado un espíritu de temor.” (I Timoteo 1:7)
Tú dices: "Siempre estoy preocupado y frustrado."
Dios te dice: “Hecha tus cargas sobre Mi”. (I Pedro 5:7)
Tú dices: "No tengo suficiente fe."
Dios te dice: “Yo le he dado a todos una medida de fe”. (Romanos 12:3)
Tú dices: "No soy suficientemente inteligente."
Dios te dice: “Yo te doy sabiduría.” (Corintios 1:30)
Tú dices: "Me siiento muy solo."
Dios dice: “Nunca te dejaré, ni te desampararé.” (Hebreos 13:5)

Recuerda: ¡¡¡¡ CRISTO TE AMA !!!!

CARTA DE JESÚS…

¿Por qué te agitas y confundes por problemas que te trae la vida?

Déjame controlar todas tus cosas e irán tornándose mejores.

Cuando te entregues totalmente a mí, todas las cosas serán resueltas con tranquilidad,

de acuerdo a mis planes. No te frustres, no me ores como apresurándome, como si quisieras forzarme a realizar tus planes. En lugar de eso, cierra los ojos de tu alma y con paz dime: “JESÚS YO CONFIO EN TI”.

Trata de evitar esos pensamientos que te angustian al querer comprender las cosas que te pasan.

No arruines mis planes tratando de impone tus ideas, déjame ser tu Dios y actuar libremente en tu vida. Entrégate a mí con completa confianza y deja tu futuro en mis manos. Dime frecuentemente:

“JESÚS YO CONFIO EN TI”.

Lo que más te lastima es cuando tratas de razonarlo todo de acuerdo a tus pensamientos, e intentas resolver tus problemas a tu manera. Cuando me digas: “JESÚS YO CONFIO EN TI”, no seas como el impaciente enfermo que le dice al doctor: “cúreme”, pero le sugiere la “mejor” forma de hacerlo.

Déjate curar por mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo.

Si ves que las cosas se vuelven peores o más complicadas, aún cuando tú estás orando; mantente confiando en mí, cierra los ojos de tu alma, y continua diciendo a cada hora: “JESÚS YO CONFIO EN TI”.

Necesito mis manos libres para poder manifestarte mis bendiciones. No ates mis manos con tus absurdas preocupaciones.

Satanás quiere que te frustres, hacerte sentir triste, quitarte la paz .

Confía en mí, descansa en mí, entrégate a mí. Yo hago milagros en la medida en que tú te abandonas a mí y de acuerdo a la fe que me tienes.

Así que no te preocupes, dame todas tus frustraciones y duerme en paz, y siempre dime:

“JESÚS YO CONFIO EN TI”,  y veras grandes milagros.

Te lo prometo con todo mi amor.

Jesús Cristo..

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miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Para qué quieres casarte?

"Antes que nada tomo prestado este Post de un Hermano, y es su punto de vista acerca de los dilemas que se han enfrentado muchos ante el Matrimonio, el fue uno de ellos pero antes de ser Cristiano Practicante eh"

Gracias CristhianP...

Me habría ahorrado un divorcio si alguien me hubiese preguntado eso a los 22 años, claro que también habría dependido de si el que me lo preguntara tuviese el discernimiento de poder darme luz sobre mi respuesta y que, además, yo tuviera "dos dedos de frente" para pensar seriamente lo que me dijera.

A cuanto joven en planes de casarse puedo, y si tengo la confianza para hacerlo, se lo pregunto sin remordimientos. ¿Es que estoy en contra del matrimonio? al contrario, pocas personas están tan a favor del matrimonio como yo, pero no me puedo apuntar al modo como el mundo ve el matrimonio: casarse solo por casarse.

El mundo se casa porque "ya es tiempo" en el sentido de muchas cosas: que se esta haciendo uno viejo para tener hijos (ese es un enfoque sobretodo en las mujeres por su edad pre-menopausia), por que ya llevan muchos años de novios, etc. Se casan por que hay un embarazo premarital, y "que va a decir la gente de la chica embarazada", como si el bebe que viene fuese el pecado cuando en realidad el pecado fue la fornicación. 

También se casan por puro aburrimiento, porque uno o ambos siempre ha soñado con la fiesta, el vestido, la iglesia, el cura, etc. aunque ninguno sea católico practicante y después de la boda no vuelven a asomar por una iglesia. Por tener hijos, otra excusa común, les gustan los niños y quieren tener los propios y lo correcto es que nazcan en un matrimonio aunque no conozcan a la persona con la que están haciendo la alianza perpetua. 

Se casan porque "nos queremos, estamos enamorados y no podemos vivir el uno sin el otro", o cualquier frase romántica de ese tipo que se pueda poner en una tarjeta de Día de los Enamorados, en un encaprichamiento sentimental que se casan o se casan.

Para "no estar solo", como si el matrimonio fuera cura para la soledad, cuando cualquiera que alguna vez ha estado casado por las razones incorrectas puede testificar lo que es sentirse solo durmiendo con alguien a la par.

Por irse de la casa familiar es otra "razón", no aguantan la vida en su familia y deciden casarse como "medio de escape", como decía mi difunto abuelo: saltarse de la olla al fogón. Se casan porque "así tiene que ser" porque no se quien logró implantar la idea de que todos tenemos por naturaleza la vocación al matrimonio, cuando en realidad la diversidad de vocaciones es muchísimo mas amplia y no todos estamos aptos para esta vocación en particular. En fin, el mundo (y tristemente muchos miembros de la Iglesia también) se casan por todas las razones incorrectas imaginables.

Solo hay una razón valida para casarse: Porque ambos están seguros que hacen la voluntad de Dios al casarse. Nada mas, no hay otra razón. Suena muy poco romántico pero la verdad es que casarse no es un cuento de hadas, es una vocación y como toda vocación tiene tiempos magníficos, felices y gloriosos pero también exige sacrificio, tiempos de sin sentido, tiempos en los que no haces mas que morir por el otro o a manos del otro, y si la base que hay es cualquier otra que no sea Dios pues no vas a aguantar el fuego del crisol.

Muchos se casan con la idea que podrán "convertir al otro", es decir, moldearlo al propio gusto, y nos desgastamos innecesariamente tratando de que "el otro" cambie, pero en realidad el que tiene que convertirse es uno mismo, el otro cambiará cuando se convierta y eso llevará el tiempo que Dios estipule conveniente. Uno entra al matrimonio (o al sacerdocio, a la vida consagrada, a la vida de celibato, incluso a la misma comunidad, etc)  para convertirse en "otro Cristo", para hacerse cristiano, para reflejar el amor de Cristo, no para "convertir" a los otros.

¿Difícil? sin lugar a dudas, sobre todo el ejercer discernimiento para poder dominar la tentación de volverse un déspota sobre el otro, pero Dios no nos deja solos y decidir entrar en el matrimonio es una de las decisiones mas importantes en la vida de un ser humano. 

Esto no va de tenerle miedo al matrimonio, porque no importa que vocación uno tenga, todas tendrán sus propios retos, sino de tomar la decisión por las razones correctas y tener claro la realidad de lo que viene, por eso siempre es bueno recordar ese maravilloso evangelio que dice:

"¿Quien de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: "Este comenzó a edificar y no pudo terminar"."

Lc. 14,28-30

domingo, 12 de septiembre de 2010

Reflexión: ¿POR QUÉ JESÚS SE HIZO BAUTIZAR?

Bajo la pregunta de una gran amistad del porque Jesús se hizo bautizar, me hice a la tarea de buscar ese porque, yo quede mudo a la pregunta y en el fondo aun desconozco como responderle, pero a lo mejor muchos de vosotros que lean algún día este articulo también estén en la misma duda o quizás tengan muchas aclaraciones que darnos. Por todo esto espero que les guste lo que pude consultar…

<< San Juan Bautista predicada e impartía un Bautismo de conversión: ese Bautismo era como la aceptación de la conversión que se realizaba en aquéllos que, motivados por su predicación, deseaban cambiar de vida.

De allí que llama la atención el que Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, se acercara a la ribera del Jordán, como cualquier otro de los que se estaban convirtiendo, a pedirle a Juan, su primo y su precursor, que le bautizara. Tanto es así, que el mismo Bautista, que venía predicando insistentemente que detrás de él vendría “uno que es más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias” (Lc. 3, 15-16 y 21-22), se queda impresionado de la petición del Señor.

En esta escena en el Jordán podemos entender esas palabras de San Pablo: “Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió el pecado” (2 Cor. 5, 21).

¡Jesucristo se humilla hasta pasar por pecador, hasta parecer culpable, pidiendo a San Juan el Bautismo de conversión!

Por eso Juan Bautista al ver venir a Jesús a hacerse bautizar exclamó: “He ahí el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo” (Jn. 1-29). Antes de Cristo los israelitas sacrificaban corderos, buscando la expiación de sus pecados. Cristo, al cargar con nuestros pecados, se hace el verdadero Cordero de Dios, para salvarnos de nuestros pecados. Es lo que nos dice el Sacerdote al presentarnos a Cristo en la Hostia Consagrada antes de la Comunión: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…”.

Y, al Cristo ser bautizado en el Jordán, como una respuesta a esta actitud de humillación de Jesús, “se abrió el Cielo, bajó el Espíritu Santo sobre El en forma de paloma y vino una voz del Cielo: ‘Tú eres mi Hijo amado, el predilecto’” (Lc. 3,15-16 y 21-22). El Padre revela al mundo Quién es ese bautizado: su Hijo, el Dios-Hombre.

Un punto importante a notar en el Bautismo del Señor es que al sumergirse Jesús en las aguas del Jordán, le confirió al agua un poder de sanación espiritual, le dio significación especial al agua. De allí que el agua sea la materia del Bautismo Sacramento, instituido después por Cristo, el cual nos borra el pecado original con el cual todos nacemos.

Pensar en el Bautismo de Jesucristo, el Dios-hecho-hombre, nos debe llenar de gran humildad: si todo un Dios se humilla hasta pedir el Bautismo de conversión que San Juan Bautista impartía a los pecadores convertidos, ¿qué no nos corresponde a nosotros, que somos pecadores de verdad?

Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es, además, recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, de cambiar de manera de ser, de pensar y de actuar, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo. Es recordar la necesidad que tenemos de purificar nuestras almas en las aguas del arrepentimiento y de la confesión de nuestros pecados. Es recordar que en todo momento y bajo cualquier circunstancia necesitamos la humildad y la docilidad que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa.

Que nuestra vida se convierta en una continua entrega a la Voluntad de Dios, de manera que así como los cielos se abrieron para Jesús al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros en el momento de nuestro paso a la otra vida y podamos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos, porque como su Hijo Jesucristo, hemos buscado hacer su Voluntad. >>

martes, 7 de septiembre de 2010

Oración Por Todas Las Vocaciones....

Oh María, nosotros te confiamos
el apostolado de los laicos,
el ministerio de los sacerdotes,
el testimonio de los religiosos.
Nosotros te rogamos
para que la vocación sacerdotal y religiosa
sea largamente sentida y seguida
por la gloria de Dios
y la vitalidad de la Iglesia.
La nueva primavera de las vocaciones,
su nuevo aumento en toda la Iglesia
significa una particular prueba
de tu presencia materna
en el misterio de Cristo,
en nuestros tiempos
y en el misterio de la Iglesia
sobre toda la tierra. Amén

María, Madre de las Vocaciones; ruega por nosotros!

Ss. Juan Pabllo II

viernes, 3 de septiembre de 2010

Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011..

"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2, 7)
Queridos amigosimage
Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).
Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.
1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes
En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, "encerrados" por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su "huella". Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio – como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia –, se constata una especie de "eclipse de Dios", una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza. Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.
2. Arraigados y edificados en Cristo
Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en:«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: "arraigado" evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; "edificado" se refiere a la construcción; "firme" alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes. La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica. Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama "amigo de Dios"» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: "¡Señor, Señor!", y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48). Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que "cavó y ahondó". Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.
3. Firmes en la fe
Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un "paraíso" sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un "infierno", donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral. El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo "necedad" (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad. Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el "sí" de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.
4. Creer en Jesucristo sin verlo
En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25). También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a "ver", a "encontrar" a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda. Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».
5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos
En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31). En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.
6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid
Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco. Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su "fiat", su "sí", recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.
Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor.
BENEDICTUS PP XVI

La Voz Suave del Dios que llama..

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“Un mensaje que es llevado a todo el mundo a través de mensajeros frágiles y decididos, que escuchan la voz de Dios, en una tarde de silencios”

Dios llama. Ayer, hoy, y mañana. Hombres y mujeres se consagran. Sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos que dan un sí para siempre, sin condiciones. El mundo es distinto con cada respuesta, con cada entrega. Hay hombres y mujeres que quieren amar más, que reflejan, con su vida, que Dios es fiel, que Dios nos quiere con locura.

Cada vocación es un misterio. Dios sonríe y espera un sí libre, sincero. Quiere que le amemos, que le demos lo que somos, sin límites, sin condiciones. Quiere que seamos felices en sus manos, que confiemos, que sigamos sus huellas, camino del Calvario, hacia un Sepulcro vacío que nos habla de Vida y de Esperanza.
Dar un sí a Dios no es fácil si falta amor. Dios no subyuga con la fuerza ni con amenazas. Su voz es suave, discreta, respetuosa. Invita y calla, susurra y deja tiempo. Hay quien le sigue pronto, sin miedos, y hay quien retrasa su respuesta, meses, años, para seguir planes vacíos, proyectos huecos, fuera del sueño de un Dios bueno.

Cuando sopla el viento de la tarde, Dios espera. Quizá hoy un joven piensa, reza, y mira al cielo. Busca al Dios que lo buscaba, sueña en la voz que resonó un día dentro de su alma. Puede ser un momento decisivo. Puede ser el inicio de una nueva vida.
Otros esperan, cerca o lejos, el sí de cada nueva vocación. El silencio de la noche revela voces que rezan a Dios, como Cristo un día, para pedir que envíe más obreros, pues la mies es mucha, la cosecha está ya lista, el cielo tiene abiertas sus puertas con el triunfo de la Pascua.
No hay anuncio sin anunciadores. No hay salvación sin fe en el mensaje. Un mensaje que es llevado a todo el mundo a través de mensajeros frágiles y decididos, que escuchan la voz de Dios, en una tarde de silencios: “Ven y sígueme”...

 

Gracias al Autor: Fernando Pascual

Fuente: Catholic.net

El alma del sacerdote debe tener “musculatura de Rambo”

La Congregación para el Clero presenta dos encuentros sobre el sacerdocio

ROMA, domingo 29 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- El alma del sacerdote debe tener “una musculatura interior de Rambo”, que sea alimentada con “la oración, la vida interior y la verdadera motivación”.


Así lo indicó el pasado viernes el secretario para la Congregación del Clero, monseñor Mauro Piacenza, quien se reunió con un pequeño grupo de periodistas para presentar algunas reflexiones y actividades que se realizarán en Roma en el contexto del año sacerdotal, el cual se clausurará el próximo 11 de junio en la basílica de San Pedro.


Por un lado se refirió al congreso titulado “Fidelidad a Cristo, fidelidad del sacerdote”, que se efectuará los días 11 y 12 de marzo en la Pontificia Universidad Lateranense. También habló del Encuentro mundial de sacerdotes, que presentará varias actividades académicas y litúrgicas en las cuatro basílicas mayores de Roma, del 9 al 11 de junio.


La organización de ambos encuentros están a cargo de la Obra romana de peregrinaciones, dependiente del Vicariato de Roma, órgano de la Santa Sede.


Temas como la cristología, la identidad sacerdotal, los desafíos que enfrentan estos hombres en la cultura contemporánea, la liturgia, el celibato y la actividad pastoral, serán tratados en dichos eventos que estarán dirigidos no sólo a sacerdotes sino también a seminaristas, diáconos permanentes y laicos.


El viernes 11 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús del año próximo, se clausurará el año sacerdotal con la celebración de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, presidida por el Papa Benedicto XVI.


Frutos maduros


Monseñor Piacenza aseguró que durante este año conmemorativo, del cual van ya transcurridos cinco meses, muchos sacerdotes se han renovado en su vocación y aclaró que “por renovación no se entiende revolución” sino “renovación interior”, es decir, un descubrimiento de las fuentes y de la vocación al sacerdocio.


Indicó que en este año se debe “expresar la gracia por un servicio que tantas veces se hace escondido”, refiriéndose a las actividades pastorales y litúrgicas que desempeñan tantos sacerdotes.


Señaló monseñor Piacenza que son varios los aspectos de la vocación sacerdotal que se pretenden resaltar. En primer lugar, la adoración eucarística: “lo primero que debemos hacer es orar”, aseguró el secretario para la congregación del Clero.


Destacó también el papel que están realizando varias diócesis en el mundo, muchas de las cuales han dado un especial énfasis en las jornadas de adoración al santísimo por la santidad de los sacerdotes.


Ejemplo de los santos


“Los sacerdotes a veces deben remar contra corriente”, dijo monseñor Piacenza, hablando “en sentido evangélico, es decir, hacer guerra, pero de santidad”.


Invitó a recordar la figura del llamado santo Cura de Ars: “¿Qué hizo de extraordinario?” se preguntó. “Nada”, respondió. “Lo centró todo en su vocación: las obras pastorales, la eucaristía y la confesión”.


Respecto al sacramento de la confesión, monseñor Piacenza afirmó: “Ojalá todos los sacerdotes fuésemos 'explotados' por los fieles”.


Refiriéndose a san Juan María Vianney indicó que “no tenía dotes particularísimas de inteligencia”, pero “fue un pastor excepcional. No se licenció en pastoral”, porque la labor de un sacerdote se aprende especialmente “con el amor de Dios”.


Igualmente, aseguró que en este año se quiere resaltar el aspecto de la maternidad espiritual, recordando el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, quien ofreció tantas oraciones, sacrificios y mortificaciones por la santidad de muchos sacerdotes, hasta el punto de ser declarada patrona de las misiones, pese a su condición de religiosa de claustro.


“Ella fue una madre dentro de la comunidad del Carmelo. Se convirtió en el ángel de la guarda de muchos sacerdotes”, aseguró monseñor Piacenza.


El secretario de la Congregación para el Clero indició que en la historia reciente de la Iglesia no se ha realizado dedicado nunca un año a los sacerdotes.


No obstante, en ocasiones anteriores se han realizado varios encuentros internacionales, entre 1996 y 2004 que han tenido lugar en Fátima (Portugal), Yamusukro (Costa de Marfil), Guadalupe (México), Tierra Santa, Roma (en ocasión del Jubileo de 2000) y Malta.